Las poéticas enseñanzas de un Maestro

Alberto Cruz ha muerto… En unmundo que parece privilegiar la razón científica y económica de los oficios Alberto fue una luz de la pasión, emoción, amor por la arquitectura, las artes y la docencia, bajo una luz poética que lo inspiró.

Me atrevo a escribir estas líneas amparado en el gran cariño y admiración que le tenía. Hace tan solo un par de meses lo visité en su casa y hablamos de mis trabajos y de nuevos proyectos para acometer el rescate de algunas obras tanto en la cuidad abierta de Ritoque, lugar que él junto a otros arquitectos y artistas fundó -que hoy permanece vigente-, y en otras que en distintas ciudades de Chile se encuentran en general deterioradas. Y su idea era que los ex alumnos pudiéramos relacionarnos con la ciudad abierta a partir de estas materias... Todo esto a sus 96 años.

Las enseñanzas de Alberto -así conocido por sus alumnos y amigos- se fundamentaron en hacer carne un modo de pensar la arquitectura, una manera de enfrentar el mundo a partir de la sorpresa, o de mirar viendo como por primera vez lo cotidiano. Y a partir de esa sorpresa, materializada como observación de la ciudad, plantear proyectos arquitectónicos dominados por una palabra anterior que una vez dicha ilumina el ordenamiento espacial que el alumno pretende darle al proyecto propuesto. 

Una experiencia épica, la observación, el dibujo, el croquis que permite volver a mirar esto que es presente y transformarlo en palabra de futuro a través de una lírica, para en definitiva lograr un acto arquitectónico único. Y es lo poético la palabra que abre a la acción del arquitecto, para que desde su oficio, con puertas, ventanas, distribución, programa, etc., sea capaz de materializarlo en obras concretas en la cuidad, generando un acto único y conclusivo. El cada vez de la arquitectura, esa fue la propuesta de Alberto.

Él nos invitó a hacer presente el día a día como una aventura que recorre nuestra existencia. Algunas veces le dije que él junto a “Godo” nos infectaron de pasión poética, de pasión por la vida, de pasión por la creación, y que nunca volveríamos a ser normales. Y me dijo: “Ese es el asunto”. 

La gran obra de Alberto se materializa a través de su influencia teórica junto con la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso. Su fórmula está hoy implantada en casi todas las escuelas de arquitectura de Chile y en varias del mundo. Salir a caminar y a observar la ciudad armados de la croquera y percibir el devenir urbano, el aire, la luz, el sonido, la gente, y desde allí proponer materia arquitectónica.

Una mirada que ve viendo como por primera vez, alegrándose de ser, de existir,traducido en acción con Amereida, la travesía por América realizada junto a poetas, arquitectos, escultores y artistas que se transformó en una épica iluminadora en la búsqueda del destino poético de América.

Alberto Cruz Covarrubias ha sido -a mi juicio- uno de los más influyentes arquitectos de los últimos cien años. Su pensamiento, su amor desparramado en alumnos, ex alumnos, personas de todas clases sociales, en sus libros, sus escritos, sus dibujos, en las obras hechas como en las presentadas pero no hechas, y en la fidelidad al fundamento poético. Hombres como él son fundamentales en la formación de las nuevas generaciones.